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9 de septiembre de 2009

Review: Ponyo en el Acantilado (2008)

Cuando a finales de los años 90, el venerado director de esta película, que todavía no contaba sesenta años, anunciaba su retirada, para consternación de los millones de seguidores que tiene en el mundo, tuvimos suerte de que esa retirada (que luego fue de nuevo anunciada con cada nuevo proyecto) no se haya hecho realidad, pues aunque con la descorazonadora ‘La princesa Mononoke’ pareció haber tocado su techo, la trilogía de relatos con protagonista infantil que nos ha regalado son un tesoro del cine de animación por numerosas razones. Y de todas ellas la más conmovedora y entrañable quizá sea ‘Ponyo en el acantilado’.

Hayao Miyazaki dirige ‘Ponyo en el acantilado’ (‘Gake no ue no Ponyo’, 2008), un film de animación tradicional en el que Sosuke, un niño que vive con su madre en una casa de un acantilado, encuentra a un pez rojo, con cara de niña, a quien pone el nombre de Ponyo. Ponyo tiene poderes mágicos, así que las ancianas del asilo en el que trabaja la madre de Sosuke se alegran de verla, pero una de ellas teme que provoque un tsunami, pues eso presagia la tradición sobre los peces con cara. A pesar de la advertencia, Sosuke decide quedarse con ella.

Dice Miyazaki que el origen de ‘Ponyo’ está en “La dama de Shalott”, una pintura de John William Waterhouse. Quedó tan abrumado por la cantidad de detalles de la obra que sintió que era algo insuperable, por lo que se replanteó todo lo que se estaba haciendo en el legendario estudio Ghibli. Abandonar las últimas tecnologías de animación y volver a dibujar a mano, fue su decisión. Eso sí, Miyazaki pidió un esfuerzo máximo. Movimiento, velocidad y fondos llenos de detalles. Sin límites, sin atajos ni desvíos de ningún tipo. Y vaya sí se nota. Hay numerosas secuencias en la película que dejan sin aliento, y resulta imposible tratar de captar con la mirada todo lo que hay en la pantalla, lo que incluso puede resultar frustrante; la misma sensación que tuvo el cineasta al contemplar la obra de Waterhouse

A diferencia de otras películas del japonés, ‘Ponyo en el acantilado’ sólo tiene la intención de enternecernos y de hacernos disfrutar. Por ese motivo, no presenta conflictos graves, sino que, muy al contrario, el devenir de los hechos se desarrolla sin apenas importunar a los protagonistas, quienes rápidamente encuentran soluciones para lo que está ocurriendo. Todo esto que, en otros film sería una carencia, en la presente es perfectamente válido, pues lo único que queremos mientras vemos la película es ver a Ponyo y sentirnos bien con los maravillosos dibujos que estamos contemplando.

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